Hablando de rana o sapo, los primeros animales acuáticos que con valentía se atrevieron a abandonar el agua y ver más allá de las orillas fueron los peces, pero lo hicieron sin abandonar del todo su hogar, ya que siempre necesitan el agua para sobrevivir.

En cambio, aquellos más aventureros adaptaron las aletas pectorales para poder caminar por la tierra y alargaron el cuello para inspeccionar mejor el medio terrestre. Esta etapa sucedió hace alrededor de cuatrocientos millones de años (ha llovido desde entonces) y es considerada una de las mayores hazañas evolutivas en la historia de la biosfera, dando lugar a los primeros anfibios.

Desde entonces esta clase de vertebrados ha ido mejorando de manera asombrosa hasta llegar a el extenso catálogo de géneros que tenemos hoy en día y que, con alrededor de 7.500 especies diferentes repartidas por todo el globo, representa uno de los mejores ejemplos de adaptación a los medios acuáticos y terrestres.

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El proceso dio origen a dos grupos muy diferentes: el de los anfibios con cola (tritones, salamandras y gallipatos); y el de los anfibios sin cola (ranas y sapos). En el caso de estos últimos, la mayoría de la gente se confunde, aunque si nos fijamos un poco podemos ver que los diferencia.

Tras la metamorfosis que sufre la larva de sapos y ranas, empiezan a surgir las diferencias que harán de la rana un anfibio de formas suaves y líneas elegantes, con la piel tersa, suave y con frecuencia colores vivos.

Sin embargo, en el caso del sapo después de la metamorfosis este evoluciona hacia formas mucho más toscas y abultadas, desagradables, con colores apagados y un tamaño considerable, llegando a ser más grande que el palmo de una mano.

En España viven veinte especies diferentes de ranas y sapos: 12 de sapos y 8 de ranas, pero las más fáciles de observar son la rana verde o común (Pelophylax perezi) y el sapo común (Bufo spinosus).

Fuente: Brewbooks

El sapo común es el más grande de todos los anfibios ibéricos. Aunque posee una amplia gama de colores que van del atigrado al marrón oscuro, por norma general muestra el dorso de color pardo oliva y el vientre de tonalidad cremosa.

Su piel es muy rugosa y con verrugas, mostrando unos espectaculares bultos detrás de los ojos en los que se hallan las glándulas parótidas. Cuando se siente amenazado éstas segregan una sustancia tóxica muy urticante que, aunque no resulta tan peligrosa como el veneno de una víbora, el escorpión o la escolopendra, puede provocar irritaciones de piel y afectar a los órganos internos en el caso de que se intente comer.

Más bonita y estilizada, es la rana verde o común, más acuática que el sapo, por lo que difícilmente la veremos alejada de las balsas. Inverna en ese medio, pero no habita los cursos fluviales rápidos, donde encontraremos a otra especie: la rana patilarga (rana ibérica). De piel tersa y aspecto cuadrangular, los colores pueden ser muy variados con tonos verdosos o colores pardos salpicados de motas oscuras y una característica raya en medio muy visible de color verde claro. Las partes inferiores son de color blanco.

En primavera los machos inflan completamente unos sacos vocales para emitir las típicas llamadas de amor, un croar repetitivo y muy potente que se puede escuchar a gran distancia. Las puestas de la rana son más escasas que las del sapo, y se diferencian fácilmente porque las deja en forma de racimos. Cordón: sapo; racimo: rana. Muy fácil.

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Los renacuajos de la rana (como los del sapo) tardan dos meses en pasar por todas las fases de la metamorfosis y convertirse en una bonita copia de sus padres. Hasta entonces se alimentan de larvas de mosquito, un manjar, mientras que cuando ya están más grandecitas prefieren comerse los mosquitos en su fase adulta.

Igualmente, tanto las ranas como los sapos son animales de gran ayuda para el ser humano ya que, además de resultar completamente inofensivos, actúan como verdaderos insecticidas.

Enseñemos a los niños que no deben alterar su hábitat ni causarles daño y acabemos con la mala costumbre de capturar renacuajos y meterlos en un bote para ver cómo se desarrollan ya que os digo que sucederá: no sobrevivirá ninguno.

Y para acabar, unas palabras en defensa de nuestro amigo sapo, un animal que nos hace un favor y lo convertimos en el villano de todos los males. Ya sea por su aspecto rudo y poco agradable o por las leyendas que se han ido contando a lo largo de la historia, siempre ha sido el patito feo a ojos de todo el mundo.

En su defensa podemos decir que, sin su presencia inofensiva, salir por la noche en verano en nuestra casa rural sería una tortura por el asedio continuo de los mosquitos.