Todo lo que nos rodea en mayor o menor medida es un ordenador. El móvil es un ordenador de pequeño tamaño, mientras que un portátil o una torre es un ordenador a mayor escala y más potente. Pero hay una variante aún más grande y potente, el superordenador.

Puede que nos suene o no el término, pero estos superordenadores están detrás de muchos avances científicos y tecnológicos que nos permiten prever el futuro o resolver dudas a través de cálculos muy complicados y difíciles que serían imposibles de realizar con ordenadores domésticos.

Los superordenadores se usan para averiguar, resolver o estudiar problemas muy complejos o que difícilmente se pueden reproducir en el mundo físico.

¿Qué es un superordenador?

Una supercomputadora o superordenador es un dispositivo capaz de realizar cálculos muy complicados y que requieren una gran exigencia a una gran velocidad. Este tipo de cálculos se pueden realizar ya que estos superordenadores en verdad son un conjunto de ordenadores, muchas veces llamados “ordenadores de alto rendimiento” que trabajan unidos para aumentar su potencia y así poder resolver los cálculos.

Trabajan a velocidades de vértigo que se miden en formato petaflops: un petaflop equivale a mil billones de operaciones por segundo.

Por sus características, tanto de tamaño y volumen, como por su consumo eléctrico, y como no, por su seguridad, necesitan de instalaciones especiales con un sistema de enfriamiento especial. Además, este tipo de instalaciones también requiere de personal cualificado para que mantenimiento.

Este tipo de ordenadores puedes ser utilizado por miles de personas a la vez a través de internet. Esto permite utilizar su capacidad de cálculo para resolver sus dudas a miles de kilómetros de distancia.

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¿Para qué sirven los superordenadores?

Los superordenadores se usan para averiguar, resolver o estudiar problemas muy complejos o que difícilmente se pueden reproducir en el mundo físico. De esta forma recurrimos al mundo virtual, donde todo es posible con los dispositivos adecuados. Por ejemplo, cómo va a ser la eficiencia de un avión antes de volar, prever los efectos de los tsunamis en diferentes zonas del mundo, cómo será el clima del futuro, etc.

También se suelen utilizar en el campo de la inteligencia artificial, en el diseño de medicamentos y materiales, ciberseguridad, etc. Su potencial no tiene fin y cada vez va a más, ya que nuestra dependencia tecnológica no para de crecer.